La JKA y la construcción de la tradición

Una reflexión crítica sobre legitimidad, cambio técnico e identidad institucional

La tradición no puede sostenerse únicamente mediante una marca: necesita memoria, transparencia y capacidad para explicar sus transformaciones.

Iñigo López Menéndez

1.Nota del autor

Este ensayo expresa una valoración crítica construida a partir de experiencias personales, conversaciones con maestros y observación de cambios técnicos dentro del karate vinculado a la Japan Karate Association. No pretende descalificar a todos sus practicantes ni negar sus aportaciones. Su propósito es cuestionar el uso de la palabra «tradición» cuando se presenta como una verdad única, inmutable y excluyente.

2.Introducción: cuando la tradición se convierte en relato de autoridad

Es necesario preservar y dar a conocer las memorias técnicas que corren el riesgo de desaparecer. La muerte de grandes maestros, el paso del tiempo y la pérdida de testimonios directos facilitan que determinadas versiones institucionales terminen ocupando todo el espacio disponible.

El problema aparece cuando aquello que una organización no conoce se presenta como inexistente, o cuando lo que contradice su relato se elimina de la memoria colectiva. Una tradición transmitida de ese modo deja de ser investigación histórica y se convierte en un instrumento de legitimación.

Resulta especialmente contradictorio que una institución se presente como garante de una tradición invariable mientras modifica de manera periódica kata, posiciones y criterios de ejecución. Los registros audiovisuales antiguos permiten comparar esas transformaciones y muestran que, dentro de una misma organización, no siempre se ha practicado de la misma manera.

Cuando ante esas evidencias se responde que lo mostrado pertenece al «viejo estilo», surge una pregunta inevitable: si la tradición no guarda relación con lo anterior, ¿qué significa exactamente la palabra tradición?

3.Una tradición que cambia según el momento

Durante años he observado diferencias entre el karate de la JKA practicado en distintas épocas y lugares. Entrenar en el Shin Kuu Kan, donde Félix Sáenz conservaba un trabajo vinculado a la etapa de Masatoshi Nakayama, permitía comparar aquellas formas con las indicaciones de instructores posteriores que afirmaban que ciertas ejecuciones «nunca habían sido así». Sin embargo, algunas de esas formas antiguas quedaron registradas en filmaciones.

En agosto de 2015, un maestro con quien había entrenado durante años en París me relató su experiencia en un curso de la JKA en Japón. Según su testimonio, se habían modificado movimientos de determinados kata, entre ellos Jitte, y distintos instructores japoneses ofrecían ejecuciones diferentes. Incluso podía enseñarse una versión por la mañana y otra por la tarde.

El problema no reside en que una técnica cambie. Todo sistema vivo evoluciona. La contradicción surge cuando el cambio no se reconoce y, al mismo tiempo, se suspende o desautoriza a quien reproduce correctamente el criterio enseñado el año anterior.

4.La pregunta de Kanazawa

Recuerdo un curso en Santander con Hirokazu Kanazawa. Le pregunté por qué ejecutaba Gojūshiho de manera diferente a la JKA y por qué se habían intercambiado o modificado determinadas denominaciones. Kanazawa me miró y respondió con contundencia: «¿Qué JKA? ¿La de quién?».

La respuesta resulta especialmente significativa porque Kanazawa procedía de la propia JKA y llegó a ocupar responsabilidades técnicas relevantes. Su pregunta señalaba una realidad que a menudo se oculta: bajo una misma denominación institucional pueden coexistir etapas, maestros y criterios diferentes.

5.Mirar el origen de la organización

Para comprender el problema es necesario volver al origen. Las consideraciones que siguen proceden de conversaciones mantenidas con maestros a quienes pregunté directamente por estas cuestiones. Deben leerse como testimonios orales y valoraciones transmitidas, no como una historia documental definitiva.

La denominación Nihon Karate Kyōkai no incluía la palabra Shōtōkan. El proyecto inicial pretendía agrupar bajo una misma gestión diferentes líneas de karate practicadas en las universidades japonesas. En ese sentido, su propósito original era más amplio que la representación exclusiva de una sola escuela.

Las líneas de Shitō-ryū y Gōjū-ryū se apartaron pronto de aquel proyecto, y la asociación quedó progresivamente vinculada a integrantes procedentes del entorno de Funakoshi. A partir de ese momento aparecieron varios problemas fundamentales:

La intención de unificar las diferentes versiones de kata practicadas por las universidades.

La importancia jerárquica de la antigüedad en el sistema japonés, en ocasiones por encima de la calidad o del conocimiento técnico.

La disputa sobre el uso del nombre Shōtōkan y sobre la legitimidad heredada de la familia Funakoshi y de la Shōtōkai.

Las diferencias sociales y universitarias entre los grupos vinculados a Waseda y quienes impulsaban el proyecto desde Takushoku.

6.La guerra y la ruptura de la transmisión

La guerra provocó una pérdida enorme entre los practicantes. Murieron figuras relevantes, como Yoshitaka Funakoshi y Morihana; otros dejaron de entrenar durante años o permanecieron alejados de Japón durante etapas decisivas de la evolución técnica.

Esta interrupción alteró profundamente la transmisión. La antigüedad formal adquirió una importancia creciente precisamente cuando muchos de los protagonistas de los cambios técnicos habían muerto o se encontraban fuera de las estructuras que se consolidaron después.

7.El caso de Masatoshi Nakayama

Masatoshi Nakayama había comenzado a practicar karate en 1932 y marchó a Manchuria en 1936. Regresó tras la guerra. Por tanto, estuvo ausente durante buena parte del periodo en que funcionó el dōjō Shōtōkan y se desarrollaron las investigaciones asociadas a Yoshitaka Funakoshi y al grupo Nakano.

Esta circunstancia no elimina su condición de alumno de Gichin Funakoshi ni su posterior relevancia organizativa, pero sí obliga a matizar cualquier presentación de Nakayama como continuador único de toda la evolución técnica producida durante aquellos años.

Tras su regreso, su antigüedad le otorgó una posición destacada en Takushoku. A medida que otros alumnos antiguos de Funakoshi rechazaron la nueva asociación o se apartaron de ella, Nakayama quedó como una de las figuras de mayor antigüedad dentro de la JKA.

Mientras tanto, otros grupos universitarios mantuvieron sus propias asociaciones y permanecieron vinculados a la Shōtōkai. Esa diversidad explica, en parte, la enorme variedad técnica que durante años existió dentro de aquel entorno.

8.Las aportaciones de la JKA

Una crítica rigurosa debe reconocer también las aportaciones de la JKA. La organización impulsó la apertura de dōjō comerciales, favoreció la profesionalización de instructores y desarrolló un sistema pedagógico ordenado y reproducible.

Nakayama y Takagi participaron en la apertura de un dōjō comercial, una iniciativa que contrastaba con la resistencia existente en otros sectores a convertir la enseñanza del karate en una profesión. La academia de instructores permitió formar docentes a tiempo completo y contó con figuras como Taiji Kase.

La sistematización científica de la enseñanza produjo mejoras importantes en la técnica básica y en el estudio de la mecánica corporal. De aquella profesionalización nacieron métodos de entrenamiento sólidos y atletas extraordinarios. También surgieron grandes karatekas dentro de esa línea, algo que no debe negarse.

9.Competición y transformación técnica

La JKA desempeñó un papel central en el desarrollo del karate competitivo. Las primeras competiciones promovidas por la organización se celebraron tras la muerte de Gichin Funakoshi, quien había mostrado reservas profundas ante determinadas formas de kumite universitario.

La competición exigió seleccionar técnicas, establecer reglas y crear criterios visibles de puntuación. Ese proceso favoreció la eliminación, reducción o modificación de acciones difíciles de integrar en el reglamento. También influyó en la estética de los kata, en el uso corporal y en la concepción del budō.

Estas transformaciones pueden valorarse de distintas maneras. Lo que resulta problemático es presentarlas como una continuidad inalterada. La competición no es simplemente la conservación de una tradición anterior: constituye una elección histórica que reorganiza la práctica.

10.El coste corporal de un modelo

La profesionalización y la búsqueda de rendimiento produjeron practicantes de gran capacidad física, pero también plantearon dudas sobre la sostenibilidad de determinados métodos de entrenamiento.

Me sorprendía observar en Shōrin-ryū a personas de edad muy avanzada practicando con notable movilidad, mientras algunos representantes destacados del karate competitivo sufrían importantes problemas articulares a edades mucho más tempranas.

La comparación no permite atribuir todas las lesiones a una sola causa, pero sí invita a preguntarse qué relación existe entre la mecánica del sistema JKA y longevidad marcial. Una tradición debería valorar no solo el rendimiento inmediato, sino también la posibilidad de practicar durante toda la vida.

11.De un proyecto plural a una ortodoxia

La idea inicial de reunir distintos karate bajo un mismo paraguas se transformó progresivamente en una afirmación de exclusividad: aquello que hacemos nosotros es lo válido y lo demás queda fuera de la definición legítima del karate.

Hidetaka Nishiyama, secretario inicial de la organización, retomó posteriormente una visión más amplia en la ITKF, donde convivieron representantes de diferentes líneas. Esa experiencia muestra que la sistematización no tenía por qué conducir necesariamente a la uniformidad absoluta.

El problema no es practicar karate JKA. Se trata de una opción legítima, con una metodología reconocible, una historia propia y aportaciones importantes. El problema aparece cuando esa variante se presenta como la única tradición, como la totalidad del Shōtōkan o como el criterio desde el cual debe eliminarse institucionalmente todo lo diferente.

12.Tradición, marca y honestidad

La JKA desarrolló una marca internacional extraordinariamente eficaz. Su organización, su sistema de instructores, sus competiciones y su capacidad de expansión construyeron una identidad fuerte y fácilmente reconocible.

Pero la fuerza de una marca no demuestra por sí sola una continuidad histórica absoluta. Tampoco convierte las decisiones adoptadas por una organización en la única interpretación posible del legado de Funakoshi.

Quien practica el sistema JKA puede hacerlo con rigor, orgullo y excelencia. Lo que debe evitarse es confundir adhesión institucional con verdad histórica. También resulta necesario que las federaciones y sus responsables técnicos no utilicen una sola variante para desautorizar o excluir otras líneas igualmente vinculadas a la historia del karate de Funakoshi.

13.Conclusión

La JKA debe estudiarse como una organización histórica concreta, nacida en un contexto de posguerra, marcada por la pérdida de numerosos maestros, las jerarquías universitarias, la profesionalización y el desarrollo de la competición.

Su contribución a la difusión mundial del karate, a la formación de instructores y a la sistematización de la técnica básica es indudablemente relevante. Al mismo tiempo, su modelo introdujo cambios profundos que no deberían ocultarse bajo la etiqueta de una tradición única e inmutable.

La honestidad exige reconocer tanto las aportaciones como las rupturas. Una tradición madura no necesita negar otras líneas, borrar sus propios cambios ni transformar la memoria institucional en dogma.

Practicar una línea con convicción es legítimo. Presentarla como la única verdad y utilizarla para excluir las demás no es tradición: es construcción de autoridad.

El karate necesita menos proclamaciones de autenticidad y más memoria, investigación, contraste técnico y transparencia.